martes, 26 de junio de 2012

El secreto de Dios


El secreto de Dios
Patricio Ortega



Como era costumbre Jimena y su abuela Matilde asistían a la misa del domingo muy temprano. Jimena que ahora tenia 11 años integraba un pequeño grupo de niños que se preparaban para hacer su primera comunión en aquella pequeña capilla.

Todos los niños de aquella comunidad eran muy creyentes puesto que sus padres y abuelos también lo eran.

A diferencia de otras capillas e iglesias de las comunidades aledañas, en esta comunidad existía la costumbre que luego de que el padre de la parroquia entregara su sermón, un miembro de la comunidad era escogido por el padre para comentar algún acontecimiento importante que le hubiera ocurrido durante la semana, pero siempre que tuviera relación con el amor, la familia y la fe.

Cuando el sermón termino todos esperaban con ansias el nombre de la  mujer, hombre o niño que el padre escogiera.

¡Jimena Faundez!, anuncio el padre, seguidamente se escucho un aplauso de los creyentes y se vio a la niña levantarse del asiento mientras su abuela le besaba la mejilla.

Cuando la niña ya esta en el estrado, tímidamente dijo; ¡Hola!, mi nombre es Jimena, muchos ya me conocen y debo decir que me alegra mucho haber sido escogida, puesto que esta semana he tenido un sueño muy lindo, en donde pude hablar con Dios, si, así es; Dios, pero no el que vemos en las fotografías o el que cuelga en los rosarios, sino aquel que vive del amor y la fe que los niños entregamos.

En mi sueño, yo caminaba por un caminito de piedras amarillas y celestes, en un lado del camino se encontraba una flecha roja que decía vida y en la esquina opuesta un circulo que decía vicio, me acerque para mirar mas de cerca el circulo puesto que tenia muchos colores, pero cuando lo quise tocar, una voz suave me detuvo, me gire rápidamente y vi a un niño junto a mi, lo mire detenidamente y el me sonrió, para después decir; lo que hagas siempre hazlo porque sea bueno y no porque sea lindo o divertido, una falsa alegría te puede quitar la alegría verdadera.

¿A que te refieres? , le pregunte, y el me contesto; un niño no tiene derecho a sufrir voluntariamente, puesto que son la felicidad del mundo, si tocas el vicio, es permitirle a la pena entrar antes de tiempo.

Yo me di vuelta para mirar el circulo otra vez, pero ya no estaba y me sorprendió mucho el mirar ahora a una niña igual que yo frente a mi; no te asustes, me dijo, puesto que yo soy tu y también soy Dios. No comprenderás del todo lo que te diré pero es mejor que lo sepas, al crecer muchos olvidan que fueron niños y por eso también se olvidan de mí.

¿Cómo?, no entiendo le dije. Mi secreto, me dijo ella.

Soy Dios, el que ama y cuida, y soy niño el que ríe y calma.

A veces soy hombre para dar protección y fuerza, y a veces soy mujer para dar calor y conocimiento.

Fue entonces cuando desperté, y entendí, que el gran secreto de nuestro Dios, es que , su amor lo divide en miles, y cae dentro de nosotros al nacer, pero que se extingue en quienes lo quieren dejar ir.



Fin

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