viernes, 13 de julio de 2012

Vivir; un cuento para adolescentes


VIVIR                                                                                                                                                           
(Un cuento para adolescentes)
Por Carolina Richards

      Recientemente en nuestra ciudad, vivió una niña muy especial, su nombre era Amanda, a simple vista se veía como todas las demás, pero ella tenía una habilidad, ella podía ver todas las cosas desde otra perspectiva,  ella podía ver la esencia de las cosas  y muchas veces podía saber lo que estaba por ocurrir. Esto hacía que Amanda pudiera darse cuenta de las intenciones de las personas, tal vez por este motivo tenía los mejores amigos que una niña puede tener, pero sin embargo Amanda últimamente estaba triste.

Ella no sabía bien de dónde había sacado esta habilidad, ella creía que se debía a su padre quien había muerto cuando ella era pequeña aún y en su preocupación por el bienestar de su hija le había dejado el don que el también poseía.

Amanda últimamente estaba teniendo sueños perturbadores, a cada momento estaba atemorizada pensando en que podría perder a alguno de sus seres queridos, llegaba la noche y no quería dormir, sólo pensaba, ya no quería ver a Leo su mejor amigo ni a Mía su compañera de escuela y también trataba de compartir lo menos posible con su hermano Alonso, por ese miedo.

Una tarde Leo no aguantó más, ver a su amiga tan triste le producía impotencia, a veces hubiera querido gritar pero se aguantaba, se canso de dejarle mensajes en su muro diciendo:

-          “4mi k p4s0 ki3r0 v3rt3, 3stoy muy pr3ocup4d0, 4rrib4 3s3 4nim0 4mig4, yo te k13r0 <3”

Así que esa tarde decidió visitarla. Toco el timbre una, dos, tres, hasta siete veces pero Amanda no salió, entonces decidió treparse al árbol que estaba cerca de su ventana y la pudo ver recostada en su cama con los ojos muy abiertos y enrojecidos mirando el cielo. Leo le grito diciendo:

-          “Amy ábreme la puerta estoy preocupado por ti hablemos”.

Pero Amanda sólo cerró los ojos y soñó con su padre, hacía mucho tiempo que no le veía en sus sueños, esta vez estaba sentado de espaldas en la banquita del parque donde miraba jugar a sus hijos.  Amanda se acercó y pudo ver a su padre sonreír.

-          “Amy, le  dijo suavemente,  no quiero verte triste, quiero que sepas que te amo por sobre todas las cosas y ese amor seguirá en tu interior todos los días de tu vida, hija ya no quiero que estés triste,  por temor estás perdiendo el mejor regalo que pude darte, La vida; No tengas más miedo”.



 Amanda respondió:

-          “Papá todo paso por que te fuiste, creo,  pero yo ya no quiero soñar todas esas cosas, no quiero verlas en mis sueños ni saber que se cumplan”.

-          “Cariño, no porque tu sueñes con eso significa que vayan a suceder,  tus sueños no reflejan el futuro de tus amigos, pero si lo hacen las decisiones que ellos tomen, ellos son los únicos que pueden construir sus vidas, el destino no existe, no cometas el mismo error que yo cometí.  

En ese momento Amanda despertó y pensó en las palabras de su padre y pudo ver cómo eran en realidad las cosas y que su padre siempre deseo que ella fuera feliz, se puso de pie seco sus lágrimas, miro hacia la ventana y sonrió cuando pudo ver a Leo y Alonso en el jardín, bajó rápidamente y los abrazó  y se dio cuenta de cuán importante era valorar y disfrutar la vida, la amistad y la familia.





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